El curso 2001-2002 está próximo a su fin y el Deportivo ha tratado
de obtener la mejor nota posible en todas las asignaturas (Copa del Rey, Liga,
Liga de Campeones). El equipo deportivista ha disputado los tres torneos hasta
sus últimas consecuencias: se proclamó campeón de Copa;
se clasificó entre los ocho mejores de Europa al acceder a cuartos de
final de la Champions y disputa la Liga entre los cuatro primeros desde hace
meses. Más allá de la suma de títulos con que se coronan
las competiciones, y el Deportivo fue el primero en coronarse, nunca mejor dicho,
nadie puede negar la candidatura del conjunto blanquiazul en cada uno de los
torneos. Gane o no, el equipo deportivista figura en todos los frentes, ya sea
en los puestos de privilegio de las competiciones o en el de las clasificaciones
matemáticamente calculadas por la CNN, la FIFA o el Instituto de Historia
y Estadística.
Si cada equipo representa a una ciudad, La Coruña ha competido con Madrid
en la Copa del Rey; con Madrid y Valencia en la Liga y con Londres, Atenas,
Turín, Leverkusen o Manchester en la Liga de Campeones. Si fuera por
el tamaño de las ciudades o los emporios económicos ligados a
los clubes contrincantes, difícilmente podríamos superar la condición
de barrio londinense y medirnos al poderío de la FIAT de Agnelli o al
de la Bayer del Leverkusen. Pero hemos elegido el fútbol, y más
concretamente el Deportivo, para luchar de tú a tú contra todos
estos gigantes. Bien es cierto que necesitamos una dosis mayor de esfuerzo,
ilusión e incluso astucia para superar las desventajas aparentemente
insalvables. Por eso duelen tanto las zancadillas, sobre todo cuando proceden
de tu propia casa.
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